Archivos, prejuicios y lógicas.

02 Archivo de creencias

Constantemente estamos bajo la influencia de estímulos externos e internos de toda clase. Muchos de ellos reclaman nuestra participación, es decir, demandan de nosotros cierto tipo de respuesta. A veces las situaciones nos exigen rapidez y definición. En estos casos aparece frente a nosotros un menú de respuestas posibles que están previamente construidas sobre la base de experiencias pasadas o puntos de vista socialmente compartidos. Tales respuestas no son necesariamente el resultado de una elaboración intencional sobre la que hayamos reflexionado sin más bien un archivo de datos parciales, dichos de terceros, fragmentos de información e interpretaciones subjetivas que se han ido acumulando de manera azarosa. Este archivo conforma nuestro cuerpo de creencias no comprobadas ni examinadas con suficiente juicio crítico.
Sin embargo, le otorgamos una categoría que no le corresponde: llamamos a esto "pensar". Introducimos estos datos de archivo con frases como las siguientes:
• “Yo pienso que…”,
• “Creo que lo mejor es…”,
• “En esta situación hay que…”.



Este proceso es posible porque, de algún modo, el archivo ha reemplazado nuestra capacidad de captar, pensar, elucidar, ponderar, indagar y examinar objetivamente.
Por ejemplo, no nos dedicamos a examinar nuestras experiencias anteriores para contextualizarlas y reconocer que lo que pudo haber sido útil o adecuado ayer podría no serlo hoy. Tenemos así, por un lado, la capacidad de pensar y, por el otro, un corpus de creencias, un archivo de donde se sacan respuestas ya construidas para aplicar a las distintas situaciones sin discriminación de nuestra parte.

03 Los prejuicios

Durante la mayor parte de nuestra actividad mental, los contenidos del pensamiento se basan más en prejuicios y opiniones que en un verdadero acto de pensar fundado en una actitud de ponderación, examen e indagación imparcial que tome en cuenta todos los aspectos de aquello que estamos considerando.
El prejuicio es un mecanismo que encubre el estado pasivo de la mente. Se trata de una postura mental construida previamente sobre la base de datos erróneos o incompletos y usados emocionalmente como excusa para la discriminación, la exclusión o la subestimación de los otros. Sirve como disfraz de la ignorancia, como manera fácil de salir airoso de situaciones comprometidas que exigirían mayor indagación y como afirmación de la propia identidad dentro de un marco social existente o imaginario. Se basa en una generalización que no admite matices particulares.

Por ejemplo:
• “Las mujeres no saben conducir automóviles”.
• “Todos los gordos son felices”.
• “Los negros tienen mal olor”.
• “Los que viven en un barrio pobre son vagos o ladrones”.
• "Los hombres quieren a las mujeres para una sola cosa".

Cuando se aplica a una sola persona, también se generaliza su actitud de un momento al conjunto de su personalidad al punto de estigmatizarla. A veces el prejuicio se forma a partir de datos relativamente verdaderos, pero su falsedad estriba en proyectarlos a la totalidad y al uso emocionalmente separativo que hacemos de ellos. Tú puedes encontrar tus propios ejemplos, pues existen todo tipo de prejuicios. El mecanismo del prejuicio conduce muchas veces a hechos dramáticos en la vida de la humanidad, como la discriminación racial, sexual y religiosa, y también a la guerra y la violencia.
En un libro ya clásico sobre el tema se ofrece esta definición:
El prejuicio étnico es una antipatía basada en una generalización errónea e inflexible.
Puede sentirse o expresarse. Puede dirigirse hacia un grupo como totalidad o hacia un
individuo en tanto miembro de ese grupo.*

* Allport, Gordon, La naturaleza del prejuicio, 1954.

04 Una lógica distinta

Unos estudiantes visitaron al maestro persa Mulá Nasruddin y le preguntaron si podían asistir a sus clases. Éste accedió y ellos se dirigieron a la sala de conferencias
caminando detrás de él, que había montado su burro de cara hacia la cola. La gente los observaba asombrada, juzgaba que el Mulá debía de ser un tonto y los estudiantes que lo seguían, más tontos aún. ¿Quién, si no un tonto, caminaría detrás de un hombre que cabalga su burro montado al revés? Los estudiantes comenzaron a sentirse incómodos al cabo de un rato y le dijeron:
—¡Mulá! La gente nos mira. ¿Por qué monta usted de esta manera?
Nasruddin, frunciendo el ceño, les respondió:
—A ustedes les interesa más lo que piensa la gente que lo que estamos haciendo. Si ustedes fueran adelante mostrarían falta de respeto hacia mí, pues me darían la espalda. Si yo fuera montado adelante dándoles la espalda, demostraría también falta de respeto hacia ustedes. Por lo tanto, ésta es la única forma correcta de hacerlo.


(Historia popular del Medio Oriente, versión de Roberto Pitluk y Osvaldo Rao,en El poder delpropio pensar, Buenos Aires,Troquel, 2002.)

05 Un tazón de caldo

Esta es una historia verdadera ocurrida en Suiza en un restaurante auto-servicio.

Una señora de setenta y cinco años coge un tazón y le pide al camarero que se lo llene de caldo. A continuación, se sienta en una de las muchas mesas del local. Pero,apenas sentada, se da cuenta de que se ha olvidado del pan. Entonces se levanta, se dirige a tomar un bollo para comerlo con el caldo y vuelve a su sitio.
¡Sorpresa! Delante del tazón del caldo se encuentra sin inmutarse un hombre de color, un negro, que está comiendo tranquilamente. ¡Esto es el colmo, piensa la señora,pero no me dejará robar! Dicho y hecho. Parte el bollo en pedazos los mete en el tazón que está delante del negro y coloca la cuchara en el recipiente.
El negro complaciente, sonríe. Toman una cucharada cada uno hasta terminar la sopa, todo ello en silencio. Terminada la sopa, el hombre de color se levanta, se acerca a la barra y vuelve poco después con un abundante plato de spaghetti y... dos tenedores.
Comen los dos del mismo plato, en silencio, turnándose. Al final se van. ¡Hasta la vista!saluda la mujer. ¡Hasta la vista!, responde el hombre, reflejando una sonrisa en sus ojos.
Parece satisfecho por haber realizado una buena acción. Se aleja.
La mujer lo sigue con su mirada, una vez vencido su estupor, busca con su mano el bolso que había colgado en el respaldo de su silla. Pero ¡sorpresa!, el bolso ha desaparecido.
Entonces aquel negro... lba a gritar ¡ladrón!, cuando, ojeando a su alrededor ve su bolso colgado de una silla dos mesas más atrás de donde estaba ella, y sobre la mesa la bandeja con un tazón de caldo ya frío. Inmediatamente se da cuenta de lo sucedido.
No ha sido el africano el que ha comido su sopa, ha sido ella quien, equivocándose de mesa, como gran señora ha comido a costa del africano.

Toma 1

Realizar en los comentarios de cada una de las fotos de la Clase 1 la opinión personal, por ejemplo:
¿Cuál es tu opinión sobre la foto?
¿Qué te gusta de cada una de ellas?
¿Qué te disgusta?
¿Qué encuentran que les llama la atención?
¿A qué te hace acordar?

Ficha 1 La composición fotográfica

Una fotografía se compone de distintos elementos visuales. Cada fotógrafo ordena
esos elementos según la idea que quiera comunicar, a eso se llama composición fotográfica.
Lo curioso es que si les damos los mismos elementos a dos fotógrafos, obtendremos
dos imágenes completamente distintas, porque cada uno los distribuirá según su
criterio. Marcel Antelo, fotógrafa, dice que “el fotógrafo se muestra a sí mismo en la
foto que toma, más allá del futuro espectador, es su mirada la que lo representa y lo
muestra aunque fotografíe cualquier cosa de su entorno”.
Claro que la composición fotográfica tiene sus reglas, como cualquier técnica o arte,
y busca un delicado equilibrio entre los elementos.
Todo dependerá si el fotógrafo desea incentivar en el espectador sentimientos de
admiración sobre las riquezas arquitectónicas del centro histórico de una vieja ciudad,
o cierta emoción (como alegría, tristeza, preocupación) como pudieran ser imágenes de
los estragos de la guerra en una ciudad luego de un bombardeo nocturno.
Existen tres maneras de armar una composición:
Si somos nosotros los que montamos las piezas, como es el caso de una modelo en
un estudio, las moveremos a nuestro antojo hasta que la imagen coincida con nuestras
expectativas. Pero si, en cambio, estamos en medio de la calle –donde no podemos
mover los objetos y las personas como nos plazca–, haremos la composición principalmente
por medio del ángulo de toma que elijamos, en una palabra: tendremos que
esperar el momento justo en el cual las partes se acomoden de esa manera tan especial
como habíamos imaginado antes de sacar la foto.
Algunos, cansados ya de esperar, toman la foto y corren al laboratorio o a la computadora
para armar la composición ahí, modificando, reuniendo o separando imágenes,
gracias a la edición, el montaje y los efectos especiales, que permiten realizar toda una
amplia gama de alteraciones creativas sobre el registro original.
Independientemente de la técnica que el fotógrafo elija, todos tienen el mismo objetivo:
comunicar un mensaje de la manera más eficaz a todos aquellos que observen su
obra.